ATARDECER EN LA TERRAZA
el cabello dorado en contraluz
con el malva que se esconde por las azoteas;
el paquete de fortuna y el mechero
al alcance de tu mano;
el olor fresco de las sábanas recien lavadas
en promiscua miscelánea fortuita
esperando la consumación de tu indolencia.
Y me pregunto en qué piensas
de espaldas a la vida,
mientras sabes que te espío,
lánguidamente abandonada entre la calle y yo,
mi adorable convecina.
Cuando llegue el otoño
Cae la tarde en el tópico
Sobre el fuego, el añil